La caridad fraterna.

P. Claudio Catena, O. Carm.

Un día en el monasterio de Santa María de los Ángeles, en Florencia, el capellán-confesor hizo vacación y la monjas se quedaron sin comunión. En ocasiones similares las monjas hacían media hora de meditación en común para así disponerse a la comunión espiritual. Aquel día, durante esta piadosa práctica, María Magdalena vio a San Alberto con la píxide en la mano que distribuía místicamente las santas hostias, pero antes quiso hablarle y le dijo: “… no he querido dejar de venir a consolarlas, aún si ellas no me tienen devoción y no me invocan como deberían, siendo yo un santo  de su propia religión…”

Tal vez una hagiografía superficial, dando a la santa el nombre de “Extática” ha perturbado su figura haciéndola poco simpática. Sin embargo, no obstante la vistosidad de los carismas contemplativos, María Magdalena caminó por otro camino. La contemplación, los éxtasis, los arrobamientos florecieron sobre un terreno en el cual la santa cultivaba otras flores. Los episodios de su edad infantil, como las limosnas a los pobres, la instrucciones catequéticas a las campesinas coetáneas en la villa paterna de Perugia, no fueron hechos aislados, sino más bien un anticipo precoz de una vida toda llena de gestos ininterrumpidos de exquisita caridad fraterna.

Fue la “barbera” de las monjas, las despertó por la mañana al alba durante 15 años, asistió a las enfermas y moribundas renunciando al reposo nocturno hasta los límites de su resistencia, les ayudó en sus necesidades consolándolas, educó en la vida religiosa un gran número de hermanas, todo ello sin mostrar jamás cansancio ni pesadez. Vivió de caridad fraterna y sus enseñanzas eran prevalentemente sobre la caridad recíproca.

En el Carmelo, para encontrar otra figura igual tendríamos que esperar un siglo para encontrar a Ángelo Paoli que nos dice: “Quien quiera encontrar a Dios, que lo vaya a buscar entre los pobres”

María Magdalena no se volvió a los pobres solamente, sino a todos: a las hermanas, a los conciudadanos, a los connacionales, a los hombres de todo el mundo. En todos los hombres, más aún en todas las creaturas busca y encuentra a Dios, en cada cosa lo ve y en cada cosa lo ama. “Mira, hermana mía, dijo un día a sor María Pacífica e Tovaglia, cuando hago cualquier cosa para servir a cada una de vosotras, considerando que sois esposas de Jesús, hechas a imagen y semejanza suya, quiero poder hacerlo con mi propia sangre para contentar y consolar a cada una. Y sabed que cuando me encuentro alguna vez un poco afligida y triste, yendo al lugar donde están las monjas congregadas, por entero me consuelo y alegro, considerando a Jesús en cada una”[1]

María Magdalena sabe que Dios está en el cielo, en la tierra, en todo lugar y en su búsqueda de Dios sube al cielo, permanece en la tierra y va a todos los lugares hasta Etiopía, la India… “El Verbo reposa sobre la tierra y sobre el cielo y reposa en las creaturas… se reposa en el pelicano, se eleva en el ciervo, se fija en el águila, da a luz en la simple oveja, se deleita en la pura paloma, se fortifica en el fuerte elefante”. El Verbo lo ve en todo y en todo lo ama[2].

Para María Magdalena, la caridad fraterna no es solo un mandamiento de Jesús, un compendio de leyes, sino algo más sublime; es una manifestación ad extra del amor trinitario de Dios, un contacto intimo entre las tres personas divinas y el hombre. “Dios mirando en si mismo, vio el amor y se movió a crear al hombre para que participase de aquel amor. Así que somos de amor, por amor y con amor y finalmente gozamos el amor que es Dios”[3].

No se trata de un contacto transitorio y fugaz sino duradero y eterno. La Santa conoce que en Dios todo es eterno y que las acciones divinas, aun aquellas con efecto en el tiempo, son en Dios eterna actual sustancia. Contempla el amor creativo en continua sustancial acción entre las divinas personas con efluvios misteriosos sobre toda la Iglesia, celeste y terrena, emanados sobre todos a través de la Humanidad de Cristo y a través de María y subiendo al cielo a través de Jesús y María en un circulo ininterrumpido de amor y de gracia.

La caridad es, si, un mandamiento de Jesús, pero sobre todo es Jesús mismo, el cual dejo el seno paterno, descendió entre nosotros, fue desvenado, murió en la cruz por nosotros. Jesús tiene caridad fraterna. Tener la caridad fraterna es tener a Jesús y ejercitarse en la caridad fraterna es imitar aquello que en Cristo resplandece más. Signo sensible de la caridad de Cristo es su corazón traspasado, visible para nosotros a través de la herida del costado, que con su desgarro abre para nosotros la vía del Corazón divino. Ejercitarse en la caridad es habitar en el Corazón de Jesús, pero, advierte la Santa, “es necesario habitar en el corazón de Jesús asomándose con frecuencia a la ventana del Costado para llamar a tantas y tantas almas, que se pierden”. A Dios no le basta solo nuestro corazón. “no creáis, prosigue María Magdalena, que a Dios le basta vuestro corazón; es uno solo. Por ello le debéis ofrecer continuamente por alimento los corazones de sus creaturas”[4].

Después de Jesús viene María, cuya fuente de leche ha nutrido a Jesús y en Jesús a la Iglesia entera. En el cielo sigue ejerciendo esta misión materna: “No tanto estaban bien Marta y Magdalena, sirviendo al Verbo Humanado, cuanto María en el cielo hace el oficio de Magdalena y de Marta. De Magdalena, gozando de Dios; de Marta, intercediendo por nosotros. Como benigna madre enseña a sus hijas que conversando con la mente en el cielo, no hagan con negligencia las obras de la tierra… O Magdalena, o Marta. [Peor no], que Magdalena sin Marta sería ocio y Marta sin Magdalena sería verdadera confusión”. Hay que hacer en ciertos momentos de Magdalena y en otros de Marta y a veces de Marta y Magdalena a la vez. La Virgen quiere que “cada alma a semejanza suya se convierta en una fuente sellada con el sello de la perfecta imagen de Dios… y con el carácter de las llagas del Verbo, donde se le ve como perfecto hombre y Dios por participación… Esta fuente debe regar el cielo gozando continuamente de Dios y también la tierra dando sostenimiento y ayuda posible al prójimo”[5].

La caridad es un canto. Canto en el cielo, canto sobre la tierra y el monasterio, donde vive la Santa debe también cantar, como “hermoso soprano del amor de Dios, siendo el lugar escondido del amor intercambiable, con la citara de la alegría en los obsequios… con el suave y dulce trombón… con los acordes de órgano,  con el sonido de la tromba y con la bandera levantada sobre el monasterio para hacer conocer a todos que en aquella casa está el eco del canto que los Ángeles y los Santos elevan ininterrumpidamente en el cielo. Y he aquí las palabras  del cántico carmelitano: “Nos ad majorem vitam vocati sumus. Nosotros estamos llamados a una mayor vida, que no es la de Marta ni la de María separadas… porque en la caridad se contienen las dos juntas… la caridad es aquella que abraza toda cosa en unión. Estamos en unión, hagamos profesión en unión, conversemos en unión”[6]

¡Que bellas palabras! Las dice la Santa que sigue exhortando a pasar a los hechos: “Poco ayudaría si las amase como miembros del Verbo y después no las ayudase a salvarse, según las fuerza y posibilidades mías”[7]

La unión mística de la Santa viene figurada por muchos símbolos entre ellos el del intercambio de corazones entre ella y Jesús, intercambio preparado con el don recíproco del corazón entre ella y la Virgen Santa. La Santa lo pidió y tuvo este signo. “… sentirás tener en ti un gran deseo de padecer por amor de Dios y un gran amor a todas las creaturas, también hacia los infieles y será de tal forma que no pudiendo soportarlo por tu fragilidad, pedirás que te sea quitado. Y será este amor el deseo de que cada creatura se salve y vaya a Dios”[8]

El amor al prójimo… “debe ser un espejo en el cual fijar los ojos para encontrarse a si mismo y para encontrar a Dios”[9]

Osculetur me osculo oris sui. Todos los místicos se sirven de este pasaje para los momentos de mayor intimidad y unión mística: el beso del amor entre Dios y el alma. “Pero, dice Santa Magdalena, ¿cómo haréis para besar a Dios? Dos son aquellos que se dan el beso, uno sólo no se lo puede dar, sino dos, con los labios, juntos se dan el beso. Amando solo a Dios no es bastante, si no esta unido con el amor al prójimo…. Atended que no debéis estar tan unidas a Dios, que dejéis de hacer obsequios al prójimo. Pero tampoco debéis amar al prójimo hasta dejar la unión con Dios…” Por lo demás los dos amores, hacia Dios y hacia el prójimo “se van besando juntos… están juntos y al que los mira… parecen iguales aunque son diferentes”[10].

Pero en la práctica cuando los dos amores llaman a la vez ¿a cuál escuchar? A aquel que llama más fuerte, “La gloria de Dios no depende solo de la alabanza a Dios, sino también del amor hacia el prójimo”[11].

No hay contemplación que no deba transformarse en “predicación, exhortación, y santos avisos para meter a los demás en la vida de perfección”[12]

Por caridad hacia el prójimo, se interrumpían también sus éxtasis. Era el día de la Asunción, fiesta principal del monasterio y la priora, que había hecho preparar el “pranzone”, quería que entre la que sirvieran estuviera también María Magdalena; pero esta estaba en éxtasis… mientras las otras trabajaban. Entonces la priora, Vangelista del Giocondo, la busca, la encuentra y le dice: “Pero querida hija, deja un poco a Dios y ven a hacer la caridad a sus criaturas”. Cosa admirable, prosigue sor María Pacifica, al instante que escucho la palabra caridad, se resintió del rapto… pues por una creatura se privaría de la vida miles de veces y por eso atendía continuamente a la caridad hacia el prójimo y a la humildad”. Sirvió el pranzone, comió un poco de pan y bebió un poco de agua y volvió al éxtasis.[13]

“Amad a los otros… O Verbo querría poder estar en todo lugar y llegar a todo lugar…”[14] hasta la misma India, a fin de que Jesús tenga las almas y las almas tengan a Jesús. Para ser apóstol, para ser madre, sierva, enseñante, para dar almas a la Iglesia, a fin de que la Iglesia las nutra con la leche de sus propios pechos con la leche de los santos sacramentos.

“Amad a los otros… O Verbo querría poder estar en todo lugar, llegar a todo lugar y no estar en ningún lugar, sino solo llegar a ti, estar con ti mismo y en ti mismo” 9. En resumen, encontrar las creaturas en el Verbo y el Verbo en las creaturas….

 

[1] Probatione, 184

[2] Reveletione e Intelligentie, 19

[3] Probatione, 270

[4] Probatione, 296

[5] Probatione, 387-388, 727, 736 y 236-237

[6] Probatione, 688

[7] Probatione, 687

[8] Colloquii, 177

[9] Probatione, 697

[10] Probatione 297-298

[11] Probatione 374-377

[12] Probatione 453

[13] Probatione, 333-334

[14] Revelaciones e inteligencias, 630

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