María Magdalena y la Palabra de Dios.

María Magdalena se presenta como una persona que ha tenido una capacidad extraordinaria de “escuchar”, con la capacidad receptiva propia del místico. Cuando comienzan los éxtasis, son casi siempre las palabras de un salmo o del evangelio ordinario, leídas en la oración litúrgica, lo que le provocan el arrobamiento. Y en la luz extraordinaria de la intuición mística se introduce en una profundización más o menos ordenada del texto y, en éxtasis, ofrece una especie de Lectura Divina. No son breves frases bíblicas aisladas, sino que se trata de comentarios elaborados de lectura simbólica y analógica, con muchos detalles. La Palabra del Señor constituye el centro de su meditar, pensar y orar. Ella vuelve muchas veces sobre la Palabra del Señor. Precisamente porque es propio del místico intuir el conjunto, y después expresarse en un intento siempre incompleto de traducir con pocas palabras humanas aquella escucha interior que brota de surtidores lejanos.

A menudo era empujada a hablar tanto del excesivo amor como del gran dolor (C. Días, 25; Proc. I, 183), profiriendo «aquello que Dios le hacía entender» (Proc. I, 297). «Se me presentan de golpe a la mente -confía a sus hermanas- tantas y tantas cosas, y termino profiriendo con la boca las palabras de aquella cosa que más me atrae y mueve mi afecto, aunque yo no sepa entonces ni entender, ni hablar, ni hacer otra cosa» (Col., 337, 352).

Así «con gran majestad y con doctas y hermosas palabras explicaba altísimas comprensiones y conceptos de cosas espirituales y divinas, daba bellísimas explicaciones y sentidos a diversos lugares y sentencias de la Sagrada Escritura, y con mucha gracia hilaba sus razonamientos, uniendo el final con el principio como si hubiera sido un buen y experimentado predicador» (Proc. I, 297). El dominio que mostraba de la Sagrada Escritura, así como las sublimes consideraciones que la acompañaban, sorprendentes en una muchacha iletrada y casi analfabeta, eran fuente de nueva maravilla para sus hermanas (Col., 111).

Su estupor aumentaba cuando embellecía su discurso (lo cual no era raro) con frases y períodos en latín, ella, «que no había aprendido nunca la lengua latina» (Proc. I, 183). Es más, sabía tan poco leer que las monjas «le tuvieron que enseñar» (Proc. I, 297), mientras que cuando estaba arrobada «parecía que supiera gramática como un doctor» (Col., 298).

Desde 1566 en adelante, cuando iniciaron las hermanas a recoger sus sermones, en palabras de Bruno Secondin, comenzamos a ver el surgimiento de "una excelente colección de reflexiones y meditaciones, que casi siempre comienzan desde la relación con la liturgia y se mueven a través de las Escrituras y los Padres hacia una aplicación práctica y convincente"[1]. Podemos detectar la fuente del sabor bíblico y litúrgico en las meditaciones y las contemplaciones de María Magdalena, gracias al trabajo paciente de este fraile dominico que inculcó en las monjas un espíritu contemplativo hecho de una vida litúrgica sólida y de una doctrina bíblica saludable.  

La liturgia ha re-encontrado su lugar en la espiritualidad cristiana a través de la reforma del Concilio Vaticano II reflejada en la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, que establece: "Sin embargo, la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia; al mismo tiempo, es la fuente de donde mana toda su fuerza".[2]

En otras ocasiones, ella comienza simplemente diciendo: "mientras meditaba el Evangelio del día ... “[3] En estas ocasiones o consideraba el texto mismo en detalle[4] o fue llevada fuera de sí a una realidad muy distinta, con muy poca relación directa tal vez con el texto[5]. Sin embargo, la asociación de la experiencia con el Evangelio del día es inconfundible.  

Una testigo precisaba durante el testimonio canónico: «Me acuerdo especialmente que ella cada sábado, tomando el libro de los evangelios, del evangelio que caía el domingo siguiente tomaba dos o tres puntos a su elección y sobre ellos se ejercitaba en la meditación toda la semana, en la cual meditación consumía alrededor de dos horas por la mañana y una por la noche» (Sum 57). De esa familiaridad brotó su personal comprensión de Dios como Dios comunicativo. 

Otros dos indicaciones son dignos de mención: aquellos en los que los versos de los Salmos leídos en el Oficio Divino vienen a la mente una y otra vez en el transcurso del día o en el curso de una éxtasis particular, dando una indicación adicional de una vida llena de la Escrituras.

Lo que nos podría ayudar es una selección de textos que en su conjunto nos darán una idea de la historia de la salvación centrada en Cristo, que entendemos es la línea central que une el pensamiento y la experiencia de la santa y la liturgia.

Encontramos un segundo tipo de visión cuando María Magdalena llega a la comprensión del texto de la liturgia no en forma de simples declaraciones, sino por una penetración analógica que implica una visión unificadora de la verdad contenida en todos los elementos del texto. Un ejemplo de esto es su oración con el evangelio de la pesca milagrosa (Lc 5, 1-11) Fue el evangelio del Domingo, que al contemplar el texto ve el lago como la humanidad de Jesús. Jesús, parado en la orilla es la Divinidad. La multitud es la raza humana y que están ahí Porque han sido hechos a imagen y semejanza de Jesús. La barca de Pedro en la que Jesús entró es la Iglesia en que Jesús esta presente por medio de los sacramentos.

La barca al que Jesús no llegó es la sinagoga de los Judíos. Las redes que Pedro utiliza para el pescado son el intelecto y la memoria. Pedro, lanzando su red, es la voluntad. Muestra una gran libertad y creatividad en la interpretación de la Biblia, captando en ella un sentido que va más allá de lo que les permitían los límites y los condicionamientos históricos y eclesiales.

El contexto litúrgico es para María Magdalena el elemento constitutivo de su interpretación bíblica. La Biblia la escucha sobre todo en la liturgia. Es en el contexto celebrativo de la fe en donde entra en contacto de forma privilegiada con los textos de la Escritura. Este elemento aparece sobre todo en María Magdalena de Pazzi y Teresa de los Andes. Esta dimensión aparece en conexión con la centralidad de la Eucaristía de la que habla la Regla.

De esta mutua iluminación entre Biblia y experiencia de Dios en la vida nace una de las características más bellas que encontramos en los escritos de los santos carmelitas. Fue siempre como una luz que les ayudó a entender y a iluminar los propios procesos y experiencias espirituales. Ellos usan palabras, esquemas, e imágenes bíblicas para explicar y para contar sus propias experiencias espirituales.

Interpreta la Biblia desde una doble vertiente: la interioridad y la comunidad. No sólo en María Magdalena sino en la vida de los santos del Carmelo se nota una gran madurez humana en la que sobresale el equilibrio entre la vida interior y la vida comunitaria. La lectura de la Biblia que ellos han hecho les lleva a una profunda experiencia de Dios y, al mismo tiempo, a un compromiso comunitario y misionero en el amor. La Palabra de Dios en el Carmelo ha sido siempre fuente y luz para la interioridad e impulso y fuerza para la caridad concreta.

María Magdalena y los santos carmelitas han leído la Biblia a partir de su propia experiencia humana y cristiana, la cual se vuelve para ellos verdadera clave de lectura y puerta de entrada a la Biblia. Hay en ellos algo que es anterior a la lectura del texto de la Escritura y que les marca e influye radicalmente. Es la vida. Es la experiencia humana y cristiana que ellos y ellas tienen de Dios en la vida. Es la amistad y la unión con Dios que atraviesa todo su ser. Esta experiencia hace que descubran en la Biblia un sentido y una luz que otros no logran hallar, pues donde no existe esta experiencia de unión y de amistad con Dios no se puede entrar en profundidad en la Biblia. Es como cuando dos personas miran la fotografía de un mismo joven. Una de ellas es la enamorada, la otra es simplemente una conocida. Las dos, mirando la misma fotografía, descubren en ella sentidos muy diferentes y tienen sentimientos distintos. La diferencia viene de la experiencia anterior al contacto con la foto, diferente en cada una en relación al joven. De la misma manera, la intimidad con Dios, cultivada por los santos y santas carmelitas, creaba una familiaridad con la Palabra de Dios que iba mucho más allá de las posibilidades que abre una simple investigación literaria e histórica. Hacía que descubrieran luces y sentidos nuevos y que percibieran la Palabra de Dios como una palabra cercana y necesaria para la vida.

Tanto las mujeres como los hombres del Carmelo llegaron a alcanzar la santidad a través de la meditación y la práctica de la Palabra de Dios. La Regla del Carmelo recomienda la lectura de la Biblia explícitamente ¡nueve veces!. Teresa de Jesús utiliza citas de la Biblia frecuentemente para exponer su doctrina y explícitamente comenta el Padrenuestro y algunas frases del Cantar de los Cantares; María Magdalena de Pazzi, como hemos visto, tiene sus experiencias místicas a partir de la lectura y la meditación de los textos bíblicos oídos en la liturgia. Teresa de Lisieux, a finales del siglo pasado, conoce los evangelios casi de memoria, los hace encuadernar y los lleva junto a su pecho, y hace de ellos la norma de su vida y la luz que transparenta en todas las páginas de sus obras. De igual forma, la santa chilena Teresa de los Andes, a pesar de no poseer la Biblia completa, llega a tener una gran familiaridad con los evangelios.

 

[1] B. Secondin, Santa Maria Maddalena de'Pazzi: Esperienza e dottrina, Institutum Carmelitanum, Roma, 1974. p. 52

[2] GS, 1

[3] QG,109

[4] QG,183

[5] RE , 126

Parroquia Santa María del Monte Carmelo.

C/ Ayala, 35-37  28001 Madrid
 Teléfono 914 351 660

  • Twtter-Icon.gif
  • Facebbok-Icon.gif
  • G+Icon copia.gif
  • Youtube.gif

© Copyright Parroquia Santa Maria del Monte Carmelo. all rights preserved.

¿Como llegar en transporte publico?