Vida

«Nació Sor María Magdalena en la ciudad de Florencia el día 2 de abril de 1566. Su padre se llamó Camilo de Geri de Pazzi, y su madre Magdalena María, hija de Lorenzo Buondelmonti. En el bautismo recibió el nombre de Catalina» . Al día siguiente de su nacimiento, 3 de abril, a las 10 de la mañana, fue bautizada en el oratorio de S. Juan Bautista. El 25 de febrero de 1574 entró por vez primera como educanda en el monasterio de S. Giovannino de los Caballeros, y fue confiada al cuidado de su tía materna, Sor Alejandra Buondelmonti.  El 25 de marzo de 1576 hizo su Primera Comunión, a la edad de 10 años, en la iglesia de S. Giovannino, regentada entonces por los Jesuitas. El 19 de abril hizo a Dios voto de perpetua virginidad. El día de S. Andrés apóstol, 30 de noviembre de 1578, tuvo el primer éxtasis en presencia de su madre, doña María, mientras se hallaba al atardecer en el jardín de su villa de Parugiano, cerca de Prato.

Habiendo sido Camilo de Pazzi, padre de la santa, enviado por el gran duque de Toscana Francisco I como comisario a Cortona, Catalina fue de nuevo internada en el monasterio de las Damas de S. Giovannino, el 16 de marzo de 1580, por consejo de Pedro Blanca, jesuita, a condición de que le fuese permitido acercarse a la Comunión todos los días festivos, cosa insólita en aquellos tiempos. En la festividad de la Ascensión, encontrándose aún en S. Giovannino, tuvo un exceso de amor y un conocimiento extraordinario de las grandezas de Dios y de su gracia. En 1581 dejó este monasterio y regresó a su familia. El 14 de agosto de 1582 entró por quince días en el monasterio de las Carmelitas de Santa María de los Ángeles, para conocer la Regla y ver si ésta podía responder a la llamada divina y a su particular inclinación. Encontróla conforme a sus más íntimos deseos y se decidió por este monasterio, a lo cual le ayudó también el hecho de que las Carmelitas, por concesión excepcional, podían comulgar diariamente.

El 1 de diciembre de 1582, sábado anterior al primer domingo de Adviento, traspasó Catalina para siempre los umbrales de la clausura y entró a formar parte de la comunidad de las Carmelitas de Sta. María de los Ángeles. El 8 de diciembre, el capítulo del monasterio aceptó por unanimidad a la nueva postulante. El 3 de enero de 1583, Catalina de Pazzi vistió el hábito carmelita y tomó el nombre de Sor María Magdalena, comenzando el año de noviciado. Durante el Adviento de aquel año tuvo un exceso de amor parecido al que había tenido siendo niña en su villa de Parogiano. A primeros de marzo de 1584 se le manifestó una misteriosa enfermedad: «una mañana le dio una altísima fiebre, junto con una violenta tos, con muy grandes dolores en el pecho y bajo las costillas [ ... ]. Estaba noche y día sentada en la cama sin poder echarse nunca por causa de la vehemencia de la tos, y no dormía casi nunca o tan poco que es cosa increíble. Lo mismo le sucedía con la comida, de manera que se iba consumiendo poco a poco [ ... ]. Habiendo estado enferma dos meses, los médicos la desahuciaron, tanto que las Madres [la priora Sor Victoria Contugi y la maestra Sor Evangelista del Giocondo ] resolvieron que hiciera la profesión, y fue el día 27 de mayo de 1584 en la mañana de la Sma. Trinidad» .

María Magdalena hizo su profesión «sobre una camilla acomodada delante del altar de la Virgen»  y en seguida fue llevada a la enfermería. Desde aquel momento comenzó un periodo sorprendente de éxtasis: todos los días, después de la Comunión, quedaba extática por espacio de dos o tres horas. En ocasiones tuvo nuevos y repetidos excesos de amor a lo largo del día, mientras los favores divinos se renovaban. Duraron estos hechos cuarenta días seguidos, durante los cuales se produjeron los siguientes fenómenos místicos: visión del drama de la Pasión (muy notable el del día 8 de junio); intercambio de su corazón con el de Jesús (10 de junio); primera e invisible impresión de los estigmas (28 de junio); además, estando presentes Sta. Catalina de Siena y S. Agustín (6 de julio), recibió del Señor la corona de espinas, cuyo misterioso dolor sintió ya durante toda su vida. Curada el 16 de julio por intercesión de la Beata María Bagnesi, su vida será una sucesión de visiones, éxtasis y otros fenómenos místicos, y de penitencias y tribulaciones.

La tarde del 24 de marzo de 1585, vigilia de la Anunciación, San Agustín le escribió en el corazón las palabras «Verbum caro factum est». El 15 de abril le fueron impresos para siempre en el alma los estigmas invisibles. El 28 del mismo mes recibió de Jesús el anillo que sellaba su místico desposorio con El. El viernes 17 de mayo tuvo el éxtasis más largo de los habidos hasta entonces: iniciado al atardecer del viernes, se prolongó durante cuarenta horas, hasta el domingo siguiente por la mañana. El 21 de mayo recibió del Señor la orden de alimentarse con pan y agua, excepto en los días festivos en los cuales podía tomar «alimentos de cuaresma». Jesús le ordenó también que descansara solamente cinco horas al día, sobre un jergón de paja, en «desagravio de las ofensas que El recibe»

La vigilia de Pentecostés, 8 de junio de 1585, dio comienzo el segundo gran ciclo de éxtasis; que se prolongó sin interrupción durante ocho días. «En este tiempo estuvo día y noche continuamente en éxtasis con la mente arrobada, excepto por el espacio de cerca de dos horas que le fue concedido para recitar el oficio, tomar un poco de alimento y algún descanso. Siete veces recibió el Espíritu Santo, cada mañana a la hora de Tercia, bajo diferentes formas: como fuego, como río, como paloma, como columna y de otras maneras» . El 16 de junio, fiesta de la Sma. Trinidad, comenzó la gran prueba llamada «lago de los leones», que iba a durar cinco años. Había transcurrido un año de desoladora aridez espiritual para la santa, cuando el 20 de julio de 1586; «con gran asombro» de las monjas, entró de improviso en éxtasis mientras rezaba el Oficio divino; pero fue un éxtasis de particular «aflicción y dolor» . Dios le comunicó que quería moderar el rigor de la tentación y mitigar la prueba «hasta octubre», para darle luces y medios de ocuparse de una gran obra: «la renovación de la Iglesia y particularmente de los religiosos». Desde aquel día Magdalena tuvo de cuando en cuando éxtasis parecidos.

En el mes de agosto pasó cuatro días y cuatro noches (del 11 al 15) en un rapto continuo, «excepto durante el tiempo en que recitaba el Oficio divino y comía un poco de pan y bebía un poco de agua [ ... ] que era por breve espacio» . Dios le reveló cómo la Iglesia tenía necesidad de reforma, y cómo todos estaban llamados a prestar su ayuda. Ella tenía una misión especial: recordar la urgencia de este empeño a los religiosos y a los grandes dignatarios de la Iglesia.

La santa tembló ante esta revelación, porque ello repugnaba enormemente a su humildad: habría preferido mil veces la muerte. Temiendo ser víctima de un engaño, habló de ello a sus superiores, tomó consejo de diversos religiosos de reconocida prudencia y santidad de vida, como el dominico P. Angel y el jesuita P. Fabbrini : -todos la animaron a seguir sin titubeos las órdenes de Dios, que eran claras, decisivas y reiteradas. Le fue preciso obedecer. Por esta razón «escribió algunas cartas, mientras estaba arrobada su mente, al Sumo Pontífice y a otros prelados y siervos de Dios, hablándoles de esta renovación» .

En octubre de 1586 la santa dejó el noviciado. El 14 de julio de 1587 murió su hermano Alamán, y ella vio cómo su alma penaba dolorosamente en el purgatorio. El 25 de febrero de 1588 contempló a Jesús padeciendo y recibió de él el don singular del «ceñidor de la Pasión, como se lo dio a San Bernardo».   El 25 de noviembre del mismo año, las pruebas durísimas a las que estaba sometida (tentación de escaparse y de morir) llegaron a su culmen. El 30 de septiembre de 1589 la Madre Evangelista del Giocondo fue elegida maestra de novicias, y Sor María Magdalena recibió el cargo de submaestra. El día de Pascua, 22 de abril de 1890, el Señor le pidió que hiciera «otra cuaresma de cincuenta días, y ayunó como de costumbre, a pan y agua», hasta la fiesta del Espíritu Santo (10 de junio), fecha en que fue al fin liberada del «lago de los leones». Recibió en premio grandes dones y comunicaciones divinas. El 24 de agosto del mismo año murió su madre, doña María Buondelmonti. Magdalena la vio «en las penas del purgatorio, alegre y contenta», con lo que supo el gran gozo que le estaba esperando en el cielo por el bien y la caridad que en vida había practicado con el prójimo. Quince días después, el 7 de septiembre, la vio entrar en el paraíso con los santos.

En 1591 murió el confesor y director del monasterio, Agustín Campi de Pontremoli, a quien sucedió el canónigo Francisco Benvenuti. El 26 de marzo de 1592, María Magdalena, en un largo éxtasis, participó de los dolores de la Pasión, al igual que siete años antes. El 3 de mayo, también de 1592, año en que le confiaron el oficio de sacristana, tuvo un gran arrebato de amor: corría por el monasterio y tocaba la campana llamando a todas las almas «a amar al Amor» . El 1 de mayo de 1595 pidió al Señor el «desnudo padecer». Esta petición de la santa queda atestiguada, con autógrafo personal, por la madre Evangelista del Giocondo, por Sor Pacífica del Tovaglia, por Sor María Cristina Pazzi -y por Sor María Gracia Pazzi su sobrina. Pero el Señor no le concedió esta petición sino nueve años más tarde. En este mismo año de 1595 fue elegida maestra de las jóvenes, y en el capítulo del 2 de octubre de 1598, maestra de novicias. El 24 de junio de 1604, en un rapto que le duró todo el día, terminaron los éxtasis y comenzó el período del «desnudo padecer» que se prolongó hasta su muerte.

El capítulo la eligió subpriora, contra su deseo, en las elecciones de 1604. Poco después enfermó y empezaron para ella tres años de sufrimientos físicos y morales como jamás había experimentado. Muerto en 1605 Francisco Benvenuti, fue elegido confesor de la comunidad Vicente Puccini, primer y principal biógrafo de la santa. El 13 de mayo de 1607, Magdalena recibió la Extremaunción. A las ocho de la mañana del viernes 25 de mayo entró en agonía, y a las dos de la tarde murió. Junto a su lecho, sus hermanas religiosas rezaron el Símbolo de San Atanasio, o sea, la profesión de la fe en la Sma. Trinidad,- el mismo Símbolo que había hecho extasiarse a la santa desde los primeros años de su vida.

Un año después de su muerte, las monjas obtuvieron permiso para depositar dentro de la clausura los despojos de su santa hermana, y el P. Puccini presidió el reconocimiento del cadáver. Apenas abierta la caja, el Cuerpo apareció fresco, entero y flexible. Únicamente el hábito estaba mojado, porque el lugar donde había sido sepultada era húmedo, y el agua se infiltraba.

En 1611 se iniciaron los procesos para su beatificación, tras numerosos milagros obtenidos. por su intercesión. Todas las religiosas que la habían conocido fueron invitadas a declarar y lo hicieron «con convencimiento y exactitud». Notables por su extensión y contenido fueron las declaraciones de la Madre Evangelista del Giocondo y de Sor Pacífica del Tovaglia, íntima de la santa desde la infancia. Urbano VIII la beatificó el 8 de mayo de 1626. En 1662 se abrió el proceso para la canonización, y Clemente IX la proclamó santa el 28 de abril de 1669.

Entre las contemplativas de aquel tiempo, una de las más apasionadas por la reforma de la Iglesia y por la renovación de la vida religiosa, fue, sin duda, María Magdalena de Pazzi.

El aislamiento y la separación del mundo confirieron a esta eminente contemplativa, que en breve alcanzó la cima de la transformación de amor, una gran capacidad de expansión eclesial, que es la señal más segura de toda auténtica experiencia mística.

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